No quiero que todo vuelva a ser como antes
- Gabriele Simonetti

- 23 mar 2020
- 3 min de lectura
Quiero que este momento conduzca a una verdadera revolución.

Quiero que este momento conduzca a una verdadera revolución.
Dentro y fuera de nosotros.
Quiero aprender la lección de este período difícil, no perder la enseñanza más pequeña, quiero traer dentro de mí las emociones, reflexiones y pensamientos que genera y hacer que un cambio profundo de la vida fluya hacia mí.
Quiero que cada trabajo sea celebrado, respetado y protegido. Del médico a la enfermera, del periodista al maestro, del obrero al empleado, del asistente al albañil. No hay trabajo más digno que otro: como estamos experimentando ahora, incluso un cajero de supermercado es una heroína porque actualmente está llevando a cabo una tarea fundamental.
Quiero que cada persona experimente el tiempo por sí mismo como lo estamos experimentando ahora. Sin un tiempo lento, simple y dilatado, ninguna persona en el mundo puede descubrir, realmente descansar y recargar energías. Y poner en marcha su propia creatividad. Y descubre sus dones.
Quiero que cada uno de nosotros difunda el propio don por el mundo, tal como está sucediendo ahora, donde cursos, videos, iniciativas de los más variados nacieron para poder dar un pedazo de nosotros (¡lo mejor!) en esta emergencia.
Quiero que volvamos a vivir de lo esencial, comprar en nuestros pueblos, comprar solo lo que realmente necesitamos.
Quiero que el coche se use lo menos posible, solo por necesidad y no por placer o conveniencia.
Quiero que aprendamos a retirarnos del mundo y admirarlo sin nuestra perturbación y ruido.
Quiero que nuestras casas se conviertan en nidos y no en lugares de paso.Quiero que sean el centro de nuestros días, que sean cuidadas, vividas y amadas como lugares sagrados.
Quiero que se restablezca el tiempo de los niños. Especialmente para los pequeños que, sin moverse y sin compromisos diarios, pueden dirigir libremente sus energías hacia el juego y la creatividad.Y son más serenos. Y más tranquilos. Y más auténticos.
Quiero que sea favorecido donde sea posible trabajar desde casa. Porque de esta forma se conservan muchos recursos (económicos, físicos y ecológicos).
Quiero que los paseos cerca de casa se consideren preciosos y se den cuenta de que unas vacaciones distantes implican costes ambientales, físicos y económicos muy grandes y, tal vez, podamos prescindir de ellos o, en cualquier caso, disminuirlos considerablemente, considerándolo un verdadero lujo.
Quiero mantener cierta distancia. Entre personas. Porque es solo de esta manera que cada persona logra trazar sus propios límites y no fusionarse con la otra. Y esa es la única forma en que podemos ser empáticos y traer alivio. Si, por otro lado, nos fusionamos, nos perdemos y no somos de ayuda, ni siquiera para nosotros mismos.
Quiero que no se den besos y abrazos a cualquiera. Soy un contacto físico muy íntimo y profundo. Para donar con cuidado y atención, para no perder todo su valor.
Quiero que los ancianos vuelvan al papel que siempre les ha pertenecido. Guardianes de historias, recuerdos y sabiduría. Los más cercanos a lo divino y al misterio de la vida.
Quiero que gobierne el respeto, la solidaridad, la hermandad con cualquiera. Al quedarnos en casa nos respetamos a nosotros mismos, pero también a la salud de los demás. Estamos ayudando a los más débiles con hermosos gastos e iniciativas. También comenzamos a conocer a nuestros vecinos, personas a que hasta ahora solamente decíamos "hola".
Quiero que la muerte vuelva a estar presente como está ahora en nuestras vidas. Porque es el miedo a la muerte lo que causa ansiedad. Porque generalmente lo olvidamos, porque lo rechazamos. Quiero que se convierta en un evento doloroso pero sagrado como el nacimiento, ambas partes del mismo ciclo. Debemos volver a venerar a la muerte como un dios, a hablarle, no a temerla, a considerarla como la puerta que nos conduce a un mundo diferente. Como un nuevo renacimiento.
Todo esto no puede venir de un decreto o una constricción.Nace dentro de cada uno de nosotros, después de haber vivido una experiencia tan fuerte juntos.
Es el punto de inflexión.
Es hora de que cada uno de nosotros haga nuestra parte realmente.
No para reanudar todo como antes.
Sino para comenzar de nuevo de otra manera.
Más creativo.
Más responsable.
Más consciente.
Más auténtico.
Ya no quiero la normalidad.
Quiero la obra maestra.
Texto original de Elena Bernabè (traducido por mi)
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